jueves, 29 de octubre de 2009

la fina frontera entre yo y los otros

Ayer fui al Museo Carnavalet, dedicado a la historia de París, a buscar documentación sobre sobre sus siete murallas sucesivas: la primera existió hipotéticamente antes de la llegada de los romanos; la última, la de Thiers, fue destruida entre 1919 y 1929. París siempre ha estado protegida por murallas, excepto entre 1670 y 1785; para mi trabajo me interesa especialmente la idea de un elemento físico que delimita una comunidad y la separa de los otros. Por desgracia, el ala medieval del Museo Carnavalet está cerrada, así que la exposición hace un salto temporal desde el siglo I a. C. hasta el s. XVI. En esta época hay bastantes imágenes de la ciudad como fondo de acontecimientos situados en primer plano; en una de ellas, que representa una protesta popular en Place de la Grève, me llamó la atención una figura enmascarada y misteriosa que lleva un sombrero asombrosamente parecido a las orejas de Mickey Mouse. Pensé que esta máscara, a pesar de ser probablemente sólo una tela, actúa exactamente como un muro de piedra, puesto que la distingue y aísla de todos los demás participantes en la escena, que llevan la cara descubierta; igual el truco de un muro no está sólo en impedir el acceso físicamente, sino también en separar ocultando al otro.

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