

El domingo pasado tomé un autobús que circulaba a lo largo del trazado de la última fortificación de París, la de 1.844. Ésta fue eliminada en los años 20, y en el espacio vacío que quedó tras el derribo se edificaron los llamados
boulevards des maréchaux, que llevan nombres de generales napoleónicos: Lefevbre, Brune, Jourdan, Kellerman, Massèna (yo vivo en uno de ellos). Posteriormente, en la parte externa, a unos 150 m. de distancia, se construyó el
Boulevard Périphérique, la autopista que rodea el centro y separa la parte de París que se parece a las postales de los banlieues, que no se parecen en nada a una postal.
El domingo bajé en Porte de Montreuil, atravesé el periférico para pasar
al otro lado, y pocas veces he tenido una sensación tan fuerte de entrar en otro mundo: había montones de ropa y basura en las aceras, tenía la incómoda sensación de ser minoría racial y de género, y las calle ya no eran
paseables, sino una sucesión de garajes, almacenes y locales vacíos. Me pareció que la muralla del siglo XIX, construida para hacer la ciudad inaccesible al enemigo, sigue presente en su ubicación original, aunque de otra manera: separando a los que tienen educación y poder adquisitivo de los que no los tienen.
Durante el trayecto en bus me había llamado la atención que parecía haber un McDonalds en cada esquina, y se me ocurrió, como proyecto, dibujar un mapa que reflejara la separación entre
los que tienen poder adquisitivo de
los otros mediante una línea que uniera todos los McDonalds situados en el antiguo trazado de la fortificación. He entrado en el buscador de restaurantes de la web francesa de McDonalds, pero parecen estar por toda la ciudad sin distinción, y no hay locales particularmente cerca de la muralla. Creo que para McDonalds no existen las barreras; su mapa es una conquista total del territorio:
